sábado, 15 de agosto de 2015

DELGADAS LÍNEAS

Admiro a los presentadores del telediario. De verdad, los admiro, aunque no los comprendo.
Realmente debería hacerlo puesto que soy periodista y, confieso, que mi sueño es llegar a presentar el telediario algún día. Entonces, ojalá entienda la frialdad de los presentadores, su inexpresividad, su falta de sentimientos ante lo que supone algunas de las noticias que dan.

Y es que estos días el telediario es realmente espantoso. El grueso de noticias no recoge más que sucesos desagradables y escabrosos de gente no humana.
Hasta hace poco más de una semana las noticias recogidas por los telediarios se referían a asuntos de economía, política y corrupción. Bueno, eso podemos soportarlo.

Podemos soportar el hecho de que Grecia no tenga ni un duro y haya que rescatarle, por tercera vez, bueno, eso solo demuestra que la Unión Europea está formada por países o demasiado fuertes o demasiados débiles en constante prestamismo. Bueno, pase.
Podemos soportar que nuestro Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz tenga reuniones secretas con su colega imputado por el caso Bankia, Rodrigo Rato. Otro sustillo de nuestros transparentes políticos. Pase también.

Que la bandera de Estados Unidos, archienemigo de Cuba por excelencia, ondeé ahora junto a la bandera estrellada, bueno puede significar un acercamiento del país caribeño hacia la apertura de su régimen o un simple gesto de postureo político, eso se verá con el tiempo, aunque confío en lo primero, eso si, si ha de ocurrir, ocurrirá cuando ya no haya un Castro al frente de los cubanos. Bueno, sea también.

Pero después, todo asesinatos, muertes y aberraciones.
Es cierto que, desgraciadamente, la gente mata. 
El ser humano es el único ser que mata, aniquila y daña sin razón, sin necesidad.
Si no lo creéis, fijaos en cualquier animal, solo mata para comer o protegerse. Vergonzoso lo del hombre.

Pero las noticias de estos días no son sobre asesinatos sin más, que ya de por si son imperdonables, son más que eso.

Una mujer que es asesinada en plena calle por su pareja, un bebé de cuatro meses, atención, ¡CUATRO meses! que presenta signos de abusión sexual.
¿Abusión sexual? Pues si, alguien tiene la mente tan hueca, sucia y depravada para hacer algo así a una criatura que apenas lleva cuatro meses en el mundo, un mundo cruel que responde a su candor con brutalidad. Un asco.
Luego, en un pueblo de Toledo, una madre que, enajenada, pues no hay otra explicación lógica, degolla a su propio hijo. Ni de película de miedo de las malas. Repugnante.

Y, por supuesto, el caso de Marina y Laura, dos jóvenes que, por edad, casi podría haber sido yo.
Desde aquí, mi más sincero pésame a las familias. Todo un acto inhumano que no debe ni puede quedar impune.

Pues bien, todo esto, noticia por noticia, lo dice el presentador con la misma expresión en el rostro. Sin inmutarse.
Cuando yo en casa me estoy odiando a mi misma por ser humana y tener que escuchar cosas tan horribles, ellos ahí, tan serios. ¿Cómo pueden?

Supongo que por dentro también se les revuelve el estómago, son personas, pero dios, qué bien lo hacen.

De verdad insisto en que esto es solo una reflexión, algo que he notado siempre, pero es que estos días, ha sido enormemente destacable.

En la facultad, desde luego y vaya por delante, no enseñan a eso. No enseñan a dar las noticias como un médico da un mal diagnóstico, sin atisbo de empatía, dejando las emociones a cero.

Supongo que será la vida, la práctica y la experiencia la que te enseña. No se si quiero aprender eso.
Aprender a cruzar la delgada línea que separa el dolor de la seriedad, el llanto del brillo en los ojos, derrumbarse de sentarse recto.
Supongo que eso es lo que hacen los presentadores del telediario cuando les toca dar noticias como las que estos días llenan los medios: cambiar el llanto por un hermoso brillo en sus ojos, no sonreír para no dejar ver el dolor en la sonrisa y no encorvar la espalda para no acceder a derrumbarse sobre la mesa. 

Debe de ser duro traspasar esas delgadas líneas y saber que de ello depende tu trabajo.


P.S.: Si algún día llego a conseguirlo, contaré lo que se siente al fingir no sentir nada.

Gracias por leerme. C.

  

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