jueves, 23 de marzo de 2017

Si ves algo raro, cámbiate de ojos

Basta ya. Basta de odio absurdo. Basta de usar cualquier excusa para llevar el odio por bandera. Basta de juzgar al de enfrente por el color de su piel, por si cultura o por la religión que profesa. Y, lo peor, sin tener ni idea, ni la menor idea de cómo es esa persona a la que van dirigidos nuestros bochornosos comentarios.
Basta de ver con nuestros ojos solo lo que nos han enseñado a ver, lo que nos han dicho que tenemos que ver: "las personas de color son peligrosas, siempre llevan un cuchillo debajo de la camisa" y yo me cruzo con esa persona potencialmente peligrosa y así la veo porque así me han enseñado a verla, y me aparto y aprieto el paso por si me ataca, aunque en mis ansias de escapar ni siquiera me he fijado que esa persona o lleva camisa donde esconder el dichoso cuchillo.
"Los inmigrantes son personas vagas, que han venido aquí a quitarnos el trabajo" y yo me siento enfrente, en el metro, de una persona de Sudamérica, por ejemplo, y le miro con desdén, porque solo estoy viendo lo que me han dicho que vea, y le comento a mi amiga, muy digna yo, como si estuviese pronunciando un discurso en el Congreso: "con el sueldo que yo me gano le pagan a este la casa" y me quedo tan pancha, sin fijarme en que el señor lleva un mono de trabajo.
"Los árabes son toditos terrotistas, porque su religión se lo obliga" y entonces estoy en una cafetería y oigo hablar arabe detrás de mí y me levanto, pago hasta demás y me voy como un rayo, porque las chicas con velo de detrás de mí que estaban ¡hablando árabe! después de tomarse el café y el muffin iban...iban a...a poner una bomba en la cafetería! ¡No! Es más, ¡es que el muffin ERA la bomba!
Si, pero de calorías, chata.
Que no, que basta. Basta de tener que leer el periódico y encontrarme noticias como está, que varios mamarrachos a lo largo del mundo (más tirando al lado occidental del planeta, ahí cerquita de un país donde últimamente se están luciendo) han utilizado esta foto para promulgar la islamofobia.


Bueno, pues si yo si lo veo. Veo un hombre tirado en el suelo, agonizando, porque un loco, que debería haber estado más vigiladito, le ha pegado un tiro. A él y a varias personas más que estaban paseando tranquilamente por el puente de Westminster. Y veo a varias personas, socorriendole. Y veo a una chica que pasa, con una mano en la cara y el móvil en la otra.
Eso es lo que veo con mis ojos, lo demás, es lo que a mi cerebro le han enseñado a ver.
Pero lo que no puedo creer, es que a algunos se les enseñe a ver que esta chica, por el hecho de llevar un velo en la cabeza, esté pasando indiferente al lado de un hombre al que acaban de herir y que está manchando la acera de sangre. Pero no lo olvidemos, que eso es lo que muestra esta imagen, porque enfrente, lo sabemos por otras fotos publicadas en la prensa que nos amplían el rango de visión, enfrente y por los alrededores por los que pasa la chica, había muchos más cuerpos en la acera.
Y si alguien ve en esta foto algún tipo de indiferencia, debería cambiar de ojos.
Porque alguien debería ser un monstruo para pasar delante de una tragedia así y sentir indiferencia.
Pero, en este caso, el monstruo es el que tacha a la chica de indiferente solo por el pañuelo de su cabeza. Es el que incluso, se atreve a decirle al mundo, porque lo ha hecho por una red social (encima, con un par) que la chica no solo está siendo indiferente por su condición de musulmana, sino que, porque su religión (aquí viene lo bueno) le "impide socorrer a otros que no sean de su misma religión"
Pero hijo, ¿tú te has leído alguna vez, ya no te digo ni un Corán, sino un solo libro de buena conducta, de modales al menos???
Veis, ahí está el problema. Hablamos sin tener referencias, por lo que nos han contado, por lo que hemos oído, por lo que este o aquel me han dicho que tengo que hacer. Vemos sin ver. Tildamos a la chica de monstruo porque otros me dicen que debo verla como tal, porque parece que veo otra cosa pero los demás piensan que es indiferente y entonces, rebobino en mi mente, busco estereotipos con los que cubrir mis ojos, dejo de ver, solo miro.
Pero aquí, solo hay un monstruo, aquel que banaliza una desgracia para usarla como argumento racista. Y si tú no quieres ser un monstruo, un consejo: cámbiate de ojos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

A las supermujeres que no necesitan poderes

A la madre trabajadora, que se levanta temprano y, para cuando se está maquillando, ya están los niños a pocos metros del colegio con un, siempre rico, aunque sea de chopped, porque está hecho por las manos de una madre, bocata en las mochilas. Y un zumito, claro, para que pase la miga.
A esa abuela distraída, de la que todos están pendientes porque parece que se le empiezan a olvidar las cosas. A la que todos tratan con condescendencia, como si siempre hubiera sido una señora cheposa y arrugada que no puede acordarse de lo que cenó anoche. ¡A quien no le ha pasado eso alguna vez! Una mujer arrugada por el tiempo y el trabajo que se han instalado en su piel y cheposa por la mochila de papillas, regañinas, enfado y comprensión que lleva a sus espaldas.
A esa joven trabajadora que empieza a darse cuenta de quién es. Que empieza a buscar su sitio en el mundo y a conocerse a sí misma como mujer.
A esa mujer que, a pesar de haber nacido con algo distinto entre las piernas, no piensa rendirse hasta que cada fibra de su cuerpo, en el que se encuentra por error, sea completamente femenino.
A las que, sin que les haga falta ninguna un macho que les cante, salen exhaustas de trabajar a horas intempestivas y, antes de pensar en ellas mismas, piensan en su niño o niña que les está esperando en la casa de los abuelos para dormir junto a ella en la misma cama mientras les atusa el pelo.
A esas almas que descansan forzosamente ahí arriba por la mano de aquel al que un día, equivocadamente, creyeron amar. Una mole de carne y huesos solo dotada de una boca para proferir sandeces y de un par de manos en forma de muñones que solo le permiten aplastar al más débil. 
A todas esas mujeres que hoy descansan de su estancia en el infierno y, también, a esas que están en el umbral de la puerta del averno, con un pie ya fuera y que empiezan a levantar el otro para salir de allí.
A todas las mujeres, a las que yo he visto hacer cosas increíbles con una sonrisa en la cara. A las que encuentran soluciones a los acertijos más imposibles, a las que nunca se les agota la paciencia, a las mujeres que saben siempre donde está todo y , si son tu propia madre, te darán con la zapatilla si van a buscarlo y lo encuentran, que lo harán, sin duda alguna. 
A esas mujeres a las que nada se les escapa, ni siquiera el gato por la ventana, porque ya han puesto rejas, porque están en todo.
A las que están seguras de sí mismas y se lo demuestran al mundo.
Porque hoy es un día para todas ellas, para las, permítanme el guiño, X-woman, para las superheroinas que no necesitan poderes extraordinarios porque ya lo son por ellas mismas.

Feliz Día Internacional de la Mujer.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

"Nazistas y racistas": un futuro para la U.S.A.

Hoy es un día triste. Despertarse, coger el móvil para ver que ha ocurrido en el mundo y leer un titular que te corta la respiración: "Donald Trump, elegido presidente de los Estados Unidos". Que chistoso. Parece un cuento de Jorge Bucay, de esos para reflexionar sobre la vida y nuestras decisiones, pero no tan bueno como los de Bucay: "La fábula del billonario que, cansado de contar millones en su propio despacho de su propio rascacielos...lo cambió por un despacho más grande y más millones". Qué gran historia. Ah, bueno, y la moraleja algo como esto: "Decir tonterías te haga llegar donde nunca te podrías imaginar. A mujeres, religiones y extranjeros deberás atacar y presidente de los Estados Unidos serás". 
No se rían, Trump es ya presidente del país más poderoso del mundo.
Un hombre que no respeta a las mujeres, xenófobo y homófobo. Que pretende volver atrás la historia y convertir el país más demócrata en un régimen autoritario. Y como el Muro de Berlín no fue suficiente, que pretende levantar uno, esta vez, para impedir que los vecinos mexicanos dejen de aprovecharse de las comodidades americanas, ¡hombre por favor!
Señores yankees se merecen un aplauso. Gracias a que han ejercido su derecho al voto libre y democráticamente han elegido al líder más antidemocratico de todos. Pensar en Trump me recuerda a otro loco de la historia que quiso hacer de las suyas en política. En honor a los amantes de la serie 'Narcos', diré que estas dos palabras pronunciadas por Escobar en un episodio de 'Narcos' definen a Trump a la perfección: 'nazista y racista'. Que don de palabra, Pablo.
Como decía, hoy es un día triste. Triste para los 11 millones de inmigrantes sin papeles que serán deportados como Trump prometió. Triste para los musulmanes que quisieran ver Nueva York o ir a DisneyWorld de la mano de sus hijos o que simplemente quisieran pisar suelo americano ( ya ves tú el capricho, vénganse a España que tenemos mucha playa). Triste para las mujeres que Trump cree que puede acosar solo por ser quien es. Triste día para el país de las libertades, que serán coartadas bajo el mandato del Tío Gilito. 
Hoy, al Tío Sam le han salido granos en el peor sitio posible. No me hagan decirlo, ya ustedes imaginan donde.


domingo, 3 de enero de 2016

Basada en miles de realidades

Quién no ha escuchado alguna vez salir de la boca de su abuelo o abuela historias increíbles, de película. Amores imposibles y pasiones a la sombra de un cobertizo o de un árbol frondoso. Decepciones infantiles al marcharse el ser amado del que nos creíamos correspondidos. Historias también crueles, que duelen en la memoria del que las recuerda e impresionan en la imaginación del que las escucha. Gritos, llantos y violencia desmedida que es difícil de creer para el que no las ha vivido y, más aún, para el que, como la mayoría del mundo civilizado, no le interesa nada más que aquello que obedece con el dedo.
Pues de esas historias tan reales, esos cuentos de abuelos pesados, de esas "batallitas" se sirve el director Fernando González Molina para trasladar a la gran pantalla otra historia que bien podría haberle ocurrido a cualquiera de nuestros abuelos.
Una adaptación cinematográfica de un libro siempre conlleva algunos riesgos, pues la imagen que uno se hace en la mente de los personajes y el entorno supera a cualquier gran producción. Sin embargo, en 'Palmeras en la nieve' se nota, y mucho, el sello de Warner. Los paisajes que trasladan al espectador de las palmeras de Guinea Ecuatorial de los 50 a las frías montañas nevadas de Huesca y viceversa junto con los planos generales que para ello se utilizan son excepcionales. Grandes panorámicas holliwoodienses y una banda sonora de las que llenan la sala y te ponen los vellos de punta cuando se alza al primer plano otorgan al film una estética de peliculòn, pero es que además lo es.
Y lo menos esperado es que la historia de amor que vende la película en el trailer no es lo más importante. 
Las relaciones entre los señores, los 'Massa' españoles y los trabajadores guineanos, algunas cordiales y otras  inhumanas son lo que hace que de verdad el espectador reflexione y se de cuenta de lo que hemos cambiado aunque, a veces, retrocedamos por desgracia a una autodestrucción sin sentido.
'Palmeras en la nieve' es un ejemplo de conducta personificado en el personaje de Adriana Ugarte, quien vuelve a dotar de elegancia a la pantalla.
Clarence es una chica que, al morir su padre, dedice revolver en el pasado para explicarse el porqué de unas cartas que encuentra escritas por su tío a una señora a la que le manda dinero rigurosamente.
La curiosidad es un don excepcional y aunque entrañe peligro, siempre hay que seguir ese pálpito que se siente en el pecho. Por eso, Clarence encontrará en el pasado de su familia una historia tremenda que se unirá con su presente, aunque ella no lo sepa hasta casi el final.
En continuas idas y venidas a la actualidad y a los tiempos del franquismo, el director va construyendo la película deconstruyendo a su vez la novela de Luz Gabás en que está basada. En la Guinea de los 50 encontramos a un chico aragonés tímido, a veces demasiado, que vuelve al lugar al que nació para trabajar en una plantación de cacao junto a su padre y a su hermano.
Mario Casas es Kilian, el joven al que todo le fascina en la republicana africana. Es verdad que es difícil imaginarse a Casas fuera de las motos y las chaquetas de cuero y que la voz no le acompaña demasiado para el papel de chico bueno, pero se agradece que por fin cambie de registro y demuestre al público que su faceta como actor no acaba en el tipo duro rompecorazones, sino que también deja que se lo rompan a él.
Su pareja, Bisila, en la ficción y además en la vida real, es Berta Vázquez, una ucraniana de origen etíope que se estrena por primera vez en la gran pantalla.
Todo un descubrimiento. Así se puede definir a esta actriz que hace llorar al espectador, que sabe cómo trasladar sus desgracias al que está sentado en la butaca, para ello basta con una mirada muy profunda.
En definitiva, 'Palmeras en la nieve' son dos enormes historias entrelazadas, un cliché de amor imposible pero en segundo plano, envuelto en una lección de historia sobre la independencia de Guinea Ecuatorial antes y después de ser colonia española.
Una historia de mentira que el espectador desea que sea verdad, la de amor. Otra, trágicamente cierta que el público desea que no hubiera ocurrido nunca, la de la violencia, el rencor y el odio, primero, de los españoles que se ven poderosos hacia los trabajadores de color, después, de los guineanos hartos de tanta represión hacia los españoles derrotados, tan malos unos como otros.
El final, cargado de símbolos de los que hay que estar muy pendiente para entender la historia y vivirla al máximo. Además de para entender un título que se construye con una metáfora y que explica muy bien una frase dicha por el personaje de Clarence en un momento de la cinta.
Una frase que es como una llave para la mente del espectador, que se da cuenta, o debe hacerlo, de que, queriendo arreglar el futuro, estamos olvidando nuestro pasado. Con ello, solo consiguiremos volver a cometer los mismos errores.
No debemos callar a nuestros mayores, sino dejarles hablar y que nos cuenten miles de historias, aunque se repitan al hacerlo. Historias de amor y desamor que no son nada más que vidas, que es lo único que les queda y que, tal vez será algo que nos quede también a nosotros, a sus descendientes. Debemos aprender que todo lo vivido por generaciones antiguas, lo bueno y lo malo nos ayudará a avanzar y a aprender. Buscar en el pasado no siempre es malo y dejar las cosas como están no tiene porque ser bueno. A veces, descifrar el pasado es fundamental para entender porque estamos donde estamos y de qué depende nuestro futuro. Escuchemos el pasado, a nuestros mayores no les queda mucho tiempo para contar historias. Debemos aprovecharlo. 
En esta época en la que estamos el ser humano está perdiendo su humanidad y haciéndose cada vez más egoísta. Hay que cambiar y ver esta película es un buen comienzo. De seguir así, ocurrirá lo que Clarence vaticina en esta frase que se descifra a lo largo del film: "Pronto no quedara nadie para contar historias de palmeras en la nieve"

martes, 22 de diciembre de 2015

¡No me tocó la lotería!

Cuando me he despertado hoy, mi primer pensamiento fue para la lotería. En la pantalla de mi móvil apareció cruel un recordatorio de un diario que decía que ya se había sorteado el segundo premio, además de algunos quintos premios.
"¡Qué fastidio! !la gente es rica y yo aquí durmiendo!"-pensé muy egoístamente.
Enseguida escribí a mi novio para preguntarle si le había tocado algo de momento y cuando me contesto que no, pensé:-mejor, los premios pequeños son calderilla, ahora a por el gordo-.
Toda la mañana estuve pendiente de los mensajitos del móvil que saltaban a la pantalla cada quince minutos recordándome que alguien ya era un poco más rico y yo más pobre a su lado.
Durante la comida le pregunté a mi padre como dos o tres veces por su décimo y me contestó que no lo había mirado. ¡Pero que desdén en sus palabras!, ¡que mirada indiferente! ¿¡Y si nos ha tocado y nosotros aquí comiendo tan tranquilos?! Insistí e insistí aunque mi mente me gritaba:-pero a ver, si le hubiera tocado, ¿no crees que lo sabría ya?
Pero yo a lo mío, al dinero, a la avaricia , a llevar el cántaro a la fuente una y mil veces hasta que una frase de mi sabia abuela vino a romper mis avaras cavilaciones:-hija, la lotería ya nos ha tocado-dijo.
Un click en mi cerebro. Una luz en la oscuridad que ilumina mi camino hacia la sensatez. Es cierto.
Lotería es que tu única preocupación al levantarte sea terminar ese dichoso trabajo de nada menos que doce páginas. Lotería es poder disfrutar de tu abuelo otra vez, después de haber estado tan enfermo en el hospital y poder volver a escuchar esas historias que ha repetido mil veces y que te haga preguntas absurdas sobre porcentajes incalculables de la vida. Lotería es que estas navidades no haya una silla vacía en la mesa.
Lotería es que tú madre se enfade porque no sabe que comprar para el día de Navidad y te pregunte y haga como que te escucha, y que luego haga lo que ella quiera.
Lotería es que tengas a alguien esperando al otro lado del teléfono para escucharte y ser escuchado. Lotería es que la gente te escriba en Navidad y ¡ya si te llama ni te cuento! para preguntar por ti, porque quiere decir que te recuerdan, algo bueno habrás hecho.
Lotería es que la chica o el chico del metro que nunca te miraba, un día lo haga y no solo eso, te sonría.
Lotería es tener que decidir si un sábado lo pasaras dando un paseo por el campo o viendo una película en casa.
Lotería es cabrearte con tu jefe e irte a casa enfadado porque sabes que, a pesar de eso, volverás al trabajo mañana.
Lotería es mirar a la persona con la que has pasado años y que tu pecho arda como si lo vieses por primera vez.
Lotería es que un ruido similar a una música discotequera infernal te despierte a mitad de la noche, porque aunque te fastidie, significa que más gente se está divirtiendo.
Lotería es llorar de pasión y no de pena.
Lotería es mirar atrás y darte cuenta que el presente es mucho mejor de lo que habías planeado y que, realmente, a este lado del mundo, la lotería toca mucho más que un solo día.
Lo demás, solo es dinero.

sábado, 19 de diciembre de 2015

PIENSA BIEN... ¿Y ACERTARÁS?

Se acabó el tiempo. Las cartas están echadas y el voto en su papeleta, para los que lo hayan echado por correo. Para el resto, continúa la jornada de reflexión. Porque este día no sólo se limita al día anterior a los comicios, al menos no mentalmente.
El día de reflexión dura hasta que uno hace ese curioso movimiento de muñeca fundamental para hacer honores a la democracia. Gracias a este movimiento de muñeca, que es como un ir y venir de arriba a abajo, la papeleta se introduce en la urna y todo nuestro esfuerzo se reduce a eso, a un suave y mecánico movimiento de muñeca.
Nuestros ahorros, el futuro de los hijos que tenemos y los que tendremos, la sanidad, la educación y el sí o no a la religión. Todo se resume en mover la mano de arriba a abajo, eso sí, sin un solo error. Si no, el sobre se precipita hacia el suelo y, como consecuencia, también nuestra jornada de reflexión, que finaliza en el momento en el que nuestra papeleta se mezcla con el resto, también se precipitaría hacia un vacío existencial de pensamiento.
Y es que ¿realmente sirve de algo eso que llamamos "jornada de reflexión"? ¿Es necesario un día entero para pensar sobre nuestro futuro y decidir, sin errar en ello, en manos de quien lo dejaremos como mínimo los cuatro años siguientes de nuestra vida?
Algunos me contestarían que, a ellos, no les hace falta ni un minuto para pensar que afortunado se lleva su voto. Son estos los que yo llamo "pensadores de bar". Aquellos que son capaces, dándoles el mérito que se merecen, de debatir sobre cuestiones de enorme trascendencia a través del cristal amarillo de la cerveza y, lo más difícil todavía, sin moderador alguno que dirija el debate.
Estos pensadores tienen el voto decidido casi desde que nacieron y será así hasta su muerte. La de ellos, o la del partido, claro. Para estos contertulios espontáneos no hay día de reflexión que valga ni mítines ni charlas. Sus líderes son semidioses que hagan lo que hagan, a sus ojos siempre serán deidades merecedoras de su voto.
Por otro lado, están los indecisos. Estos son aquellos que no definirían precisamente el 20D como la "fiesta de la democracia", sino como un deber. Algunos casi creen seguro  que no ir a votar supone unos días de cárcel. No les mueve la convicción ni se leen los programas de los partidos. Si acaso, votan al candidato más guapo, al más elegante o al que habla mejor. Algunos, raras excepciones, conocen a los candidatos y están comprometidos con la política pero el problema (y no les culpo) es que al ponerse a reflexionar se les mezclan las ideas. Contrato único, IRPF, pensiones, subidas y bajadas y un arco iris con colores inusuales es lo que está pobre gente ve en el hemisferio del cerebro dedicado a la jornada de reflexión (si es que hay una parte de nuestro cerebro que se ocupa de eso)
Por último, están los primerizos. Los pequeños votantes que, la mayoría de las veces, meten en el sobre la papeleta del político de turno que le ha dicho su padre o su madre a cambio de una buena paga. Eso es comprar votos y no lo que dicen de Venezuela.
Por tanto, ¿para qué sirve la jornada de reflexión si nadie reflexiona?
Está claro, para descansar. Para que le descanse la lengua a los políticos (a muchos también las manos de tanto que gesticulan sin venir a cuento) y para que nos descansen los oídos de tanto escuchar los cochecitos cargados de sintonías varias y de eslóganes facilones. Para descansar todos.
Un día entero para reflexionar es por tanto absurdo, o se reflexiona todo el año o nunca, como lo que dicen en las bodas de "calle ahora" y lo que sigue.
Por tanto recuerden, después de no haber reflexionado nada, de haber debatido en el bar, mordernos las uñas con la indecisión y recibir el dinero del soborno de mamá o papá, mañana cojan su papeleta y una vez metida en el sobre, dejen a los miembros de la mesa boquiabiertos con su movimiento de muñeca.
Moraleja: "Errar o acertar no depende de un solo día, y menos cuando se trata de señalar con el dedo a la persona que decidirá lo qué será de ti los años venideros."

sábado, 12 de diciembre de 2015

Estas Galerías... de tontería nada

Debo confesar que hoy he caído en el tremendo y garrafal error de prejuzgar. Hoy, cuando he ido al teatro con mi entrada en la mano pensaba: "seguro que esta obrita de 'Galerías Tonterías' es un rollo". Me refiero a esa clase de puestas en escena que están tan de moda ahora y que consisten en arrancar la risa fácil del público o del telespectador, ya que ahora el humor teatralizado ocupa también una buena parte de las parrillas de la televisión. 
Yo poca veces me rio con esos monólogos o sketches, pocas muy pocas veces.
Me parece un humor tan plano y fácil, tan mundano y casi siempre soez o escatològico, siempre con excepciones, que es difícil que provoque una sonrisa.
Pero bueno, a pesar de todo, hoy me he sentado en la butaca y mirando al telón aún cerrado y... he oído la voz de Josema Yuste.
Él es el off de la obra, es digamos, un megáfono algo especial. 
Empieza la función. Un póster gigante con una fotografía de un gran centro comercial nos sitúa en las Galerías Tonterías. Delante, un hombre trajeado con corbata roja que revela su carácter altanero y avaro, coloca prendas sobre un mueble que reza "rebajas" y se atusa los pocos cabellos que le quedan.
Por un extremo del escenario aparecen tres mujeres con barba vestidas con minifalda que dejan ver unas piernas de gimnasio demasiado masculinas. Las tres empiezan a rebuscar en la sección de rebajas como locas.
Ya está, me digo, el típico sketch de las marujas que se pegan por un trapo a precio de ganga.
Pero no. Después de ese primer sketch, vienen otros muchos que, no yendo más allá de querer usar la temática de las grandes superficies de tiendas para hacer reír, demuestran que detrás de las payasadas hay un equipo muy compenetrado y mucho trabajo con algo de astucia.
Otro de los personajes es el típico encargado de mantenimiento. 
En esta obra todos los personajes son muy arquetípicos pero la diferencia está cuando esos arquetipos hacen algo que nunca los has visto hacer en otros sketch de comedia.
Por eso, el encargado de mantenimiento es muy cachas él, con su melena al viento y su camiseta blanca de tirantes marca-pectorales. Sin embargo, descubres algo nuevo cuando le toca salir a escena para arreglar una gotera del techo. 
El tío, como era de esperar, se trae un cubo de latón y lo deja en el suelo para que recoja el agua ficticia de la gotera. Se oye una segunda gotera y el guaperas se va a por un cubo de fregar. Todo esto mientras hace con la boca o las manos el ruido de la gotera en el cubo de latón y en el de fregar. 
Y aquí se nota la astucia. El chico empieza a moverse con los dos cubos en las manos para poder tapar las goteras del techo y, de repente, lo que era una mera forma de hacer reír con la metáfora de la gotera que aparece y desaparece se convierte en un concierto de latón y plástico. 
El encargado de mantenimiento, con un cubo en cada mano y un dedal para que suene el golpe de la gota cayendo al recipiente, improvisa una canción a lo Mayumaná. 
Una situación surrealista pero que se sale de lo convencional.
Otra escena jocosa es la que se desarrolla en los baños del centro comercial. 
Ese lugar en el que todos somos iguales, independientemente de nuestro puesto en la empresa. Ya seamos jefes o empleados, todos hemos bailado alguna vez ante el espejo, hemos hecho carantoñas y nos hemos querido a nosotros mismos diciéndonos piropos frente al espejo, en un momento de intimidad fingida.
Pues eso es lo que ocurre en los baños de estas Galerías, que no son más que una pared de cartón con un par de lavabos y unas ventanas que simulan unos espejos levemente enfrentados el uno del otro. Pero aún así, unos espejos que reflejan. 
Entra el encargado y, cuando se pone frente al espejo del baño, se puede ver en ambos, aunque con la cara de otro compañero. 
El efecto de reflejo a doble nivel y en diferentes ángulos está verdaderamente bien logrado. Una sincronización que, a pesar de su cuadriculada naturaleza, es uno de los puntos más graciosos e inteligentes de la obra.
En general, 'Galerías Tonterías' es una forma nueva de representar viejos y arraigados estereotipos sobre el mundillo del comercio y presentarlos en una bandeja que reluce entusiasmo, trabajo, dedicación y muchas chispas de ingenio. 
Provocar carcajadas usando los prejuicios de nuestra mente para engañarnos y descubrirnos nuevos comportamientos de personajes muy conocidos.
El puntazo es que, al final de la obra, los actores del grupo Spasmo, que solo son cuatro pero que parecen multiplicarse en el escenario, están esperando en la puerta para despedir casi uno a uno a todos los miembros del público. Y ese trato personal, te hayas reído más o menos, se agradece mucho.