jueves, 23 de marzo de 2017

Si ves algo raro, cámbiate de ojos

Basta ya. Basta de odio absurdo. Basta de usar cualquier excusa para llevar el odio por bandera. Basta de juzgar al de enfrente por el color de su piel, por si cultura o por la religión que profesa. Y, lo peor, sin tener ni idea, ni la menor idea de cómo es esa persona a la que van dirigidos nuestros bochornosos comentarios.
Basta de ver con nuestros ojos solo lo que nos han enseñado a ver, lo que nos han dicho que tenemos que ver: "las personas de color son peligrosas, siempre llevan un cuchillo debajo de la camisa" y yo me cruzo con esa persona potencialmente peligrosa y así la veo porque así me han enseñado a verla, y me aparto y aprieto el paso por si me ataca, aunque en mis ansias de escapar ni siquiera me he fijado que esa persona o lleva camisa donde esconder el dichoso cuchillo.
"Los inmigrantes son personas vagas, que han venido aquí a quitarnos el trabajo" y yo me siento enfrente, en el metro, de una persona de Sudamérica, por ejemplo, y le miro con desdén, porque solo estoy viendo lo que me han dicho que vea, y le comento a mi amiga, muy digna yo, como si estuviese pronunciando un discurso en el Congreso: "con el sueldo que yo me gano le pagan a este la casa" y me quedo tan pancha, sin fijarme en que el señor lleva un mono de trabajo.
"Los árabes son toditos terrotistas, porque su religión se lo obliga" y entonces estoy en una cafetería y oigo hablar arabe detrás de mí y me levanto, pago hasta demás y me voy como un rayo, porque las chicas con velo de detrás de mí que estaban ¡hablando árabe! después de tomarse el café y el muffin iban...iban a...a poner una bomba en la cafetería! ¡No! Es más, ¡es que el muffin ERA la bomba!
Si, pero de calorías, chata.
Que no, que basta. Basta de tener que leer el periódico y encontrarme noticias como está, que varios mamarrachos a lo largo del mundo (más tirando al lado occidental del planeta, ahí cerquita de un país donde últimamente se están luciendo) han utilizado esta foto para promulgar la islamofobia.


Bueno, pues si yo si lo veo. Veo un hombre tirado en el suelo, agonizando, porque un loco, que debería haber estado más vigiladito, le ha pegado un tiro. A él y a varias personas más que estaban paseando tranquilamente por el puente de Westminster. Y veo a varias personas, socorriendole. Y veo a una chica que pasa, con una mano en la cara y el móvil en la otra.
Eso es lo que veo con mis ojos, lo demás, es lo que a mi cerebro le han enseñado a ver.
Pero lo que no puedo creer, es que a algunos se les enseñe a ver que esta chica, por el hecho de llevar un velo en la cabeza, esté pasando indiferente al lado de un hombre al que acaban de herir y que está manchando la acera de sangre. Pero no lo olvidemos, que eso es lo que muestra esta imagen, porque enfrente, lo sabemos por otras fotos publicadas en la prensa que nos amplían el rango de visión, enfrente y por los alrededores por los que pasa la chica, había muchos más cuerpos en la acera.
Y si alguien ve en esta foto algún tipo de indiferencia, debería cambiar de ojos.
Porque alguien debería ser un monstruo para pasar delante de una tragedia así y sentir indiferencia.
Pero, en este caso, el monstruo es el que tacha a la chica de indiferente solo por el pañuelo de su cabeza. Es el que incluso, se atreve a decirle al mundo, porque lo ha hecho por una red social (encima, con un par) que la chica no solo está siendo indiferente por su condición de musulmana, sino que, porque su religión (aquí viene lo bueno) le "impide socorrer a otros que no sean de su misma religión"
Pero hijo, ¿tú te has leído alguna vez, ya no te digo ni un Corán, sino un solo libro de buena conducta, de modales al menos???
Veis, ahí está el problema. Hablamos sin tener referencias, por lo que nos han contado, por lo que hemos oído, por lo que este o aquel me han dicho que tengo que hacer. Vemos sin ver. Tildamos a la chica de monstruo porque otros me dicen que debo verla como tal, porque parece que veo otra cosa pero los demás piensan que es indiferente y entonces, rebobino en mi mente, busco estereotipos con los que cubrir mis ojos, dejo de ver, solo miro.
Pero aquí, solo hay un monstruo, aquel que banaliza una desgracia para usarla como argumento racista. Y si tú no quieres ser un monstruo, un consejo: cámbiate de ojos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

A las supermujeres que no necesitan poderes

A la madre trabajadora, que se levanta temprano y, para cuando se está maquillando, ya están los niños a pocos metros del colegio con un, siempre rico, aunque sea de chopped, porque está hecho por las manos de una madre, bocata en las mochilas. Y un zumito, claro, para que pase la miga.
A esa abuela distraída, de la que todos están pendientes porque parece que se le empiezan a olvidar las cosas. A la que todos tratan con condescendencia, como si siempre hubiera sido una señora cheposa y arrugada que no puede acordarse de lo que cenó anoche. ¡A quien no le ha pasado eso alguna vez! Una mujer arrugada por el tiempo y el trabajo que se han instalado en su piel y cheposa por la mochila de papillas, regañinas, enfado y comprensión que lleva a sus espaldas.
A esa joven trabajadora que empieza a darse cuenta de quién es. Que empieza a buscar su sitio en el mundo y a conocerse a sí misma como mujer.
A esa mujer que, a pesar de haber nacido con algo distinto entre las piernas, no piensa rendirse hasta que cada fibra de su cuerpo, en el que se encuentra por error, sea completamente femenino.
A las que, sin que les haga falta ninguna un macho que les cante, salen exhaustas de trabajar a horas intempestivas y, antes de pensar en ellas mismas, piensan en su niño o niña que les está esperando en la casa de los abuelos para dormir junto a ella en la misma cama mientras les atusa el pelo.
A esas almas que descansan forzosamente ahí arriba por la mano de aquel al que un día, equivocadamente, creyeron amar. Una mole de carne y huesos solo dotada de una boca para proferir sandeces y de un par de manos en forma de muñones que solo le permiten aplastar al más débil. 
A todas esas mujeres que hoy descansan de su estancia en el infierno y, también, a esas que están en el umbral de la puerta del averno, con un pie ya fuera y que empiezan a levantar el otro para salir de allí.
A todas las mujeres, a las que yo he visto hacer cosas increíbles con una sonrisa en la cara. A las que encuentran soluciones a los acertijos más imposibles, a las que nunca se les agota la paciencia, a las mujeres que saben siempre donde está todo y , si son tu propia madre, te darán con la zapatilla si van a buscarlo y lo encuentran, que lo harán, sin duda alguna. 
A esas mujeres a las que nada se les escapa, ni siquiera el gato por la ventana, porque ya han puesto rejas, porque están en todo.
A las que están seguras de sí mismas y se lo demuestran al mundo.
Porque hoy es un día para todas ellas, para las, permítanme el guiño, X-woman, para las superheroinas que no necesitan poderes extraordinarios porque ya lo son por ellas mismas.

Feliz Día Internacional de la Mujer.