A esa abuela distraída, de la que todos están pendientes porque parece que se le empiezan a olvidar las cosas. A la que todos tratan con condescendencia, como si siempre hubiera sido una señora cheposa y arrugada que no puede acordarse de lo que cenó anoche. ¡A quien no le ha pasado eso alguna vez! Una mujer arrugada por el tiempo y el trabajo que se han instalado en su piel y cheposa por la mochila de papillas, regañinas, enfado y comprensión que lleva a sus espaldas.
A esa joven trabajadora que empieza a darse cuenta de quién es. Que empieza a buscar su sitio en el mundo y a conocerse a sí misma como mujer.
A esa mujer que, a pesar de haber nacido con algo distinto entre las piernas, no piensa rendirse hasta que cada fibra de su cuerpo, en el que se encuentra por error, sea completamente femenino.
A las que, sin que les haga falta ninguna un macho que les cante, salen exhaustas de trabajar a horas intempestivas y, antes de pensar en ellas mismas, piensan en su niño o niña que les está esperando en la casa de los abuelos para dormir junto a ella en la misma cama mientras les atusa el pelo.
A esas almas que descansan forzosamente ahí arriba por la mano de aquel al que un día, equivocadamente, creyeron amar. Una mole de carne y huesos solo dotada de una boca para proferir sandeces y de un par de manos en forma de muñones que solo le permiten aplastar al más débil.
A todas esas mujeres que hoy descansan de su estancia en el infierno y, también, a esas que están en el umbral de la puerta del averno, con un pie ya fuera y que empiezan a levantar el otro para salir de allí.
A todas las mujeres, a las que yo he visto hacer cosas increíbles con una sonrisa en la cara. A las que encuentran soluciones a los acertijos más imposibles, a las que nunca se les agota la paciencia, a las mujeres que saben siempre donde está todo y , si son tu propia madre, te darán con la zapatilla si van a buscarlo y lo encuentran, que lo harán, sin duda alguna.
A esas mujeres a las que nada se les escapa, ni siquiera el gato por la ventana, porque ya han puesto rejas, porque están en todo.
A las que están seguras de sí mismas y se lo demuestran al mundo.
Porque hoy es un día para todas ellas, para las, permítanme el guiño, X-woman, para las superheroinas que no necesitan poderes extraordinarios porque ya lo son por ellas mismas.
Feliz Día Internacional de la Mujer.
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