"¡Qué fastidio! !la gente es rica y yo aquí durmiendo!"-pensé muy egoístamente.
Enseguida escribí a mi novio para preguntarle si le había tocado algo de momento y cuando me contesto que no, pensé:-mejor, los premios pequeños son calderilla, ahora a por el gordo-.
Toda la mañana estuve pendiente de los mensajitos del móvil que saltaban a la pantalla cada quince minutos recordándome que alguien ya era un poco más rico y yo más pobre a su lado.
Durante la comida le pregunté a mi padre como dos o tres veces por su décimo y me contestó que no lo había mirado. ¡Pero que desdén en sus palabras!, ¡que mirada indiferente! ¿¡Y si nos ha tocado y nosotros aquí comiendo tan tranquilos?! Insistí e insistí aunque mi mente me gritaba:-pero a ver, si le hubiera tocado, ¿no crees que lo sabría ya?
Pero yo a lo mío, al dinero, a la avaricia , a llevar el cántaro a la fuente una y mil veces hasta que una frase de mi sabia abuela vino a romper mis avaras cavilaciones:-hija, la lotería ya nos ha tocado-dijo.
Un click en mi cerebro. Una luz en la oscuridad que ilumina mi camino hacia la sensatez. Es cierto.
Lotería es que tu única preocupación al levantarte sea terminar ese dichoso trabajo de nada menos que doce páginas. Lotería es poder disfrutar de tu abuelo otra vez, después de haber estado tan enfermo en el hospital y poder volver a escuchar esas historias que ha repetido mil veces y que te haga preguntas absurdas sobre porcentajes incalculables de la vida. Lotería es que estas navidades no haya una silla vacía en la mesa.
Lotería es que tú madre se enfade porque no sabe que comprar para el día de Navidad y te pregunte y haga como que te escucha, y que luego haga lo que ella quiera.
Lotería es que tengas a alguien esperando al otro lado del teléfono para escucharte y ser escuchado. Lotería es que la gente te escriba en Navidad y ¡ya si te llama ni te cuento! para preguntar por ti, porque quiere decir que te recuerdan, algo bueno habrás hecho.
Lotería es que la chica o el chico del metro que nunca te miraba, un día lo haga y no solo eso, te sonría.
Lotería es tener que decidir si un sábado lo pasaras dando un paseo por el campo o viendo una película en casa.
Lotería es cabrearte con tu jefe e irte a casa enfadado porque sabes que, a pesar de eso, volverás al trabajo mañana.
Lotería es mirar a la persona con la que has pasado años y que tu pecho arda como si lo vieses por primera vez.
Lotería es que un ruido similar a una música discotequera infernal te despierte a mitad de la noche, porque aunque te fastidie, significa que más gente se está divirtiendo.
Lotería es llorar de pasión y no de pena.
Lotería es mirar atrás y darte cuenta que el presente es mucho mejor de lo que habías planeado y que, realmente, a este lado del mundo, la lotería toca mucho más que un solo día.
Lo demás, solo es dinero.
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